Bajo la tenta mirada de los castaños de La Alamenda de Porcia, lucídos por un cálido sol, los miles de romeros comenzaban a llegar al idílico enclave de Porcía, con el fín de pasarlo bien, festejarian el día de nuestra patrona la santina de los remedios en una intensísima romeria a tiempo completo.
Afortunadamente, el típico polvillo que caracteríza las ediciones con sol y calor, (aclaracion: si llueve hay polvillo, no es que queramos que se ahogue nadie) taponaba las narices de los allí presentes.
Mientras unos llegaban, la santina atravesaba en procesión el puente viejo acompañada del compás de los cohetes y de bastantes personas que la seguían.
¿Qué más podíamos pedír? Teníamos miles de personas, teníamos música, teníamos sol, calor, ganas de pasarlo bien, vamos que lo que faltaba era comenzar la gran ”folixa”.
Pero antes había que cargar las pilas, el olor a excursión como los más wajes decían, cubríaPorcía; empanadas, tortillas, bocatas, y algo de beber para que corra bien el alimento, teñían el prao de Porcia.
Con las pilas cargadas empezaban las orquestas a hacer sonar sus primeras notas y los litros de alcohol a correr por las venas de la gente.
Con el fín de pasarlo bien, el tiempo pasaba rapidísimo y poco a poco la oscuriadad se adentraba entre la gente, pero la folixa continuaba con un ritmo cada vez mas rockero y la gente más cansada. Para coger un aposento debajo de un arbol había que tener suerte (dicen que es donde mejor se duerme una siesta).
Los culines que rulaban por el prao durante todo el día, lo seguían haciendo también por la noche para acompañar a las tranquilas cenas al raso.
Y lo más triste, la despedida, la verdad es que hasta el día siguiente no te das cuenta de que el verano nos pasó, Porcía se acabó (de ahí mi título), las clases para unos y el trabajo para otros comienza, que pena ¿verdad?
Y una mención aparte, es un tema que desde la dirección de este blog no nos gustó y fue ver la basura que quedó al día siguiente, sé que como todos los años, pero, es hora de concienciarnos, ademas había multiples contenedores y carteles avisando.
Foto | Cristina Fernández
ALEX