La dureza del asfalto

El camino, la carretera, la rueda, el pedal, la bici, la vida. A menudo nos solemos encontrar con noticias malas, feas, que no nos gustan. El ciclismo en úlitmos años solo aparece en las noticias por motivos malos, generalmente por “doping”, por prácticas ilegales que los jueces persiguen con especial dureza si cabe en el ciclismo.

Ayer por la noche en todos los telediarios se habló de ciclismo, y sintiéndolo mucho, hojalá esta vez fuese por un “doping”, porque hubiesen encontrado a algún corredor haciendo trampas. El caso es que ayer por la tarde la carretera se cobró una nueva víctima sobre la bicicleta, un deportista. Un puerto, un descenso, una carretera, unas curvas, un muro, alta velocidad, todo se juntó para llevar a las carreteras de Italia la mala suerte. El corredor del Leopard Wouter Weylandt dejó su vida en el descenso de un puerto, en una carretera.

Pero esta trajedia no nos puede hacer olvidar a todos aquellos que pierden la vida sobre el asfalto de forma anónima y que no abren telediarios, esto nos tiene que servir para que en la medida de lo posible demos valor a un deporte como el ciclismo, un deporte en el que los corredores se juegan la vida en muchos casos simplemente para poder comer.

El ciclismo no es el fútbol, muchos no pueden vivir de ello, no se juega con la “pasta” de la manera con la que se juega en otros deportes. Sin embargo, no hay carrera en la que un corredor no roce el frío asfalto con su piel. La mayor parte no pasan de arañazos, clavículas rotas, muñecas, brazos.

Me mata escuchar comentarios como que “los ciclistas son todos unos drogadictos” “van puestos hasta arriba” y demás lindezas.

El camino se acabó.

© Javier Fernández López